Hace unas semanas la Antigua Roma volvía a estar de actualidad y volvía a sorprendernos. Esta vez por su aroma. El descubrimiento se llevó a cabo en Carmona. Un ungüentario, el primero que se encuentra intacto, y cuyo análisis ha sido llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Córdoba dirigido por un baenense, el catedrático de Química Orgánica José Rafael Ruiz Arrebola. Sí Química, ¿qué tienen que ver la arqueología y la química? Mucho. La Química está presente en todos los aspectos de la vida y también en la Historia y en la Arqueología. Se complementan. Y esto ha quedado de manifiesto con este reciente descubrimiento. Veamos cómo ha sido el proceso hablando con José Rafael Ruiz.
P: Desde un punto de vista arqueológico, ¿qué supuso el hallazgo de este ungüentario?
R: Realmente, el encontrar una pieza como esta es algo excepcional, no solo ya por su extraordinaria naturaleza (tallado en cristal de roca) sino porque se encontraba perfectamente sellado y con contenido sólido en su interior. Hasta la fecha se han encontrado ungüentarios y frascos de perfume, pero la inmensa mayoría de ellos están fabricados en vidrio, un material mucho más barato que el cuarzo y en ningún caso conservaban su tapón original y mucho menos con un cierre hermético. Esto nos hizo pensar que no era descabellado suponer que pudiera contener algún resto de su contenido original.
P: Al leer la publicación se nota que no habéis escatimado en las técnicas analíticas empleadas. ¿Cuáles eran los objetivos de todos estos análisis?
R: El uso de todas las técnicas descritas en el trabajo se justifica por la diferente naturaleza de los componentes que se encuentran en el ungüentario: betún, dolomita, aceite vegetal y esencia aromática. La difracción de rayos X nos permitió establecer que el material usado para fabricar el tapón fue dolomita, un mineral similar al mármol. Esta naturaleza inorgánica es la que posibilitó que el tapón se mantuviese intacto durante 2000 años, ya que de haber estado fabricado en madera o corcho inevitablemente se hubiese descompuesto. Otras técnicas, como las espectroscopias Raman o de infrarrojo y la microscopía electrónica de barrido, nos permitieron establecer la naturaleza orgánica del material empleado para sellar el ungüentario y también el sólido contenido en el interior. Finalmente, para identificar los componentes empleamos la técnica de cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, que nos permitió establecer que se empleó betún como agente sellador y que en el interior del ungüentario había restos de aceite vegetal, posiblemente de oliva, y de una esencia aromática, el pachulí.
R: Los compuestos volátiles han permanecido en el interior del ungüentario gracias al betún. El betún es una mezcla de hidrocarburos ligeros y pesados, similares estos últimos a los que podemos encontrar en los asfaltos. El paso del tiempo provoca que los hidrocarburos volátiles se evaporen y solo queden los más pesados. Desde el punto de vista de la adsorción, esta mezcla de hidrocarburos pesados se comporta como si fuera un carbón. Hay que tener presente que el carbón es un adsorbente excelente de compuestos orgánicos, de hecho, se emplea como filtro en las máscaras antigás. Este betún adsorbió los componentes volátiles del pachuli y del aceite, que una vez adsorbidos no pueden “escapar”. El paso de los años provocó desprendimientos de parte del tapón y también del betún que cayeron al interior del ungüentario, formando la masa sólida que se encontró que contenía el mismo.
P: Esta investigación forma parte de una nueva especialidad que se sitúa entre la arqueología y la química. ¿Qué crees que nos puede aportar esta simbiosis entre ramas del conocimiento, a priori, tan distantes?
R: Muchos grupos de investigación de todo el mundo están realizando grandes esfuerzos para conseguir avances en lo que actualmente se denomina Arqueometría. En este trabajo, se podría hablar más de Arqueología Molecular, pues estamos estudiando artefactos arqueológicos a nivel de átomos y de moléculas. Los avances que se pueden lograr aunando esfuerzos entre ambas disciplinas quedan evidenciados en este trabajo y en otros que hemos realizado. Por ejemplo, hace unos años estudiamos los restos de pigmentos que conservaban las estatuas sedentes de Torreparedones, en Baena, lo que ayudó a que se pudiera hacer una recreación virtual del aspecto original de las mismas. Estoy convencido que estudios de este tipo pueden variar el punto de vista sobre las nuevas estrategias e investigaciones en arqueología. Los resultados obtenidos con estas nuevas metodologías, una vez interpretados en clave histórica, pueden cambiar algunos puntos de vista de la historia o descubrir otros aspectos hasta ahora desconocidos.
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