lunes, septiembre 7, 2026
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Carlos Lesmes lleva a Baena el mensaje de la cruz como «forja del amor cristiano»

La Iglesia Conventual de Madre de Dios de Baena acogió este domingo, 6 de septiembre, la XI Exaltación de la Santa Cruz, organizada por la Turba de Judíos de la Cola Negra y protagonizada en esta edición por Carlos Lesmes Serrano, magistrado del Tribunal Supremo y expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial.

Bajo el título ‘La Cruz, forja del amor cristiano: cuatro ejemplos contemporáneos’, Lesmes ofreció una reflexión alejada del ámbito jurídico que ha marcado su trayectoria profesional para adentrarse en una dimensión mucho más personal de sus convicciones.

El propio exaltador reconoció al comienzo que, pese a estar acostumbrado a pronunciar conferencias y ponencias jurídicas, era la primera vez que afrontaba una intervención de estas características, en la que decidió “abrir el corazón” para transmitir aquello en lo que cree profundamente.

Fernando Santos Urbaneja: Lesmes como «modelo de grandeza»

La presentación del exaltador corrió a cargo de Fernando Santos Urbaneja, quien evitó convertir sus palabras en una simple enumeración del extenso currículo profesional de Lesmes.

Santos Urbaneja partió de una afirmación: “Las sociedades progresan cuando se miran en modelos de grandeza”, para situar al exaltador entre esos referentes.

Recordó especialmente los nueve años durante los que Lesmes estuvo al frente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, una responsabilidad ejercida en momentos especialmente complejos. Pero puso el acento, sobre todo, en los valores, la serenidad y la dignidad que, a su juicio, caracterizaron su actuación.

El presentador anticipó además las dos palabras sobre las que iba a construirse la exaltación: “necedad” y “noche”. Dos conceptos relacionados con la paradoja de una cruz que pasa de ser instrumento de muerte a símbolo de salvación y con las situaciones de oscuridad y sufrimiento que forman parte de la existencia humana.

Carlos Lesmes: de la cruz contemplada a la «cruz vivida»

Carlos Lesmes dejó claro desde los primeros minutos cuál sería el eje de su mensaje. No pretendía abordar la cruz desde el arte, la historia o únicamente como símbolo cristiano. Su intención era hablar de “la cruz vivida”.

No vengo a explicar la cruz”, señaló, antes de defender que la cruz se contempla, se abraza y puede llegar a transformar a la persona.

Para ello planteó una pregunta que recorrió buena parte de su intervención: ¿qué hace la cruz cuando entra de verdad en una vida humana?

Su respuesta situó el amor en el centro de la exaltación.

Lesmes sostuvo que el cristianismo no glorifica el dolor ni el sufrimiento por sí mismos. Lo que se exalta en la cruz, explicó, es “la medida más alta” del amor de Dios, un amor que se manifiesta mediante la entrega y el servicio al otro.

De ahí una de las ideas esenciales de su intervención: la cruz como forja del amor cristiano.

El sufrimiento no como final, sino como transformación

La segunda parte de su mensaje estuvo vinculada a la experiencia humana del sufrimiento.

La enfermedad, la pérdida de un ser querido, el fracaso, la soledad o la duda fueron presentados por Lesmes como distintas formas de esa “noche oscura” que, tarde o temprano, puede aparecer en cualquier vida.

El exaltador no trató de ofrecer una respuesta al porqué del sufrimiento. Su planteamiento fue diferente: qué hacer con él, dónde situarlo y cómo impedir que termine destruyendo a la persona.

Para explicarlo utilizó la imagen que da título a su exaltación: la forja.

Al igual que el metal atraviesa el fuego y recibe el golpe del martillo para adquirir forma y consistencia, Lesmes señaló que determinadas experiencias pueden transformar al ser humano. Introdujo, sin embargo, una precisión fundamental: el cristianismo no glorifica el dolor por el dolor ni significa que Dios necesite del sufrimiento para amar.

Su mensaje se centró en que cuando el amor atraviesa la entrega, el sacrificio e incluso el sufrimiento asumido por otra persona, “ese amor se templa, se hace verdadero y se hace capaz de las cosas más grandes”.

Cuatro vidas para mostrar el amor llevado al extremo

Para trasladar esa reflexión a experiencias concretas, Lesmes articuló su exaltación mediante cuatro ejemplos contemporáneos, personas cuyas vidas estuvieron atravesadas por situaciones extremas y en las que quiso mostrar cómo la cruz puede convertirse en entrega hacia los demás.

Entre ellas abordó las figuras de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, filósofa de origen judío, religiosa carmelita y asesinada en Auschwitz, y San Maximiliano Kolbe, fraile franciscano, que entregó su vida en el mismo campo de concentración para salvar a otro prisionero.

Más que reconstruir sus biografías, Lesmes utilizó estos testimonios para sostener la idea central de su exaltación: el sufrimiento no adquiere sentido por sí mismo, sino cuando la entrega y el amor impiden que se convierta únicamente en destrucción.

Una exaltación desde la faceta más personal de Lesmes

La XI Exaltación de la Santa Cruz permitió conocer en Baena una dimensión de Carlos Lesmes alejada de la imagen pública asociada durante décadas al mundo de la Justicia.

Desde el púlpito de Madre de Dios habló de fe, sufrimiento, servicio, entrega y esperanza para terminar situando el amor como respuesta ante las propias cruces de la existencia.

Isidoro Cubero: «Ha sido un acto solemne, entrañable y sencillo»

Tras la exaltación, Isidoro Cubero, miembro de la organización, realizó una valoración muy positiva de esta XI edición, que calificó como un “éxito total”, tanto por el contenido de la intervención de Carlos Lesmes como por el desarrollo del acto.

Cubero destacó especialmente que una persona que ha ocupado algunas de las más altas responsabilidades institucionales del país se mostrara ante los asistentes desde una perspectiva tan personal, hablando “con el corazón en la mano” sobre la noche oscura, el significado cristiano de la cruz y la forma de afrontar el dolor.

A su juicio, uno de los grandes aciertos de Lesmes fue presentar el sufrimiento no desde una concepción que lo busque o lo glorifique, sino desde la perspectiva cristiana de la cruz como instrumento de salvación y de nueva vida, apoyándose para ello en ejemplos de personas contemporáneas que transformaron situaciones extremas de dolor en entrega hacia los demás.

Madre de Dios, un escenario elegido por su intimidad

Isidoro Cubero incidió además en otro elemento que considera esencial para entender el carácter de la Exaltación de la Santa Cruz: su escenario.

La Iglesia Conventual de Madre de Dios es la sede habitual de la celebración. El traslado del pasado año a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe tuvo carácter excepcional con motivo del centenario de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, a la que también están vinculados los judíos colinegros.

El regreso este año a Madre de Dios recuperó, por tanto, el espacio habitual de una convocatoria que deliberadamente no persigue convertirse en un acontecimiento multitudinario.

El templo estuvo completamente lleno, pero Cubero subrayó que la filosofía de los organizadores no pasa por buscar grandes cifras de público: “Preferimos la calidad a la cantidad, la solemnidad y la intimidad”.