El cielo se despejó a tiempo, y con él también las dudas. El sol se convirtió en el mejor aliado de una de las jornadas más esperadas y conmovedoras de la Semana Santa de Baena. Desde la mañana, con las confesiones en la Iglesia de San Francisco, se respiraba recogimiento y solemnidad. Era Jueves Santo, y Baena lo sabía.
Mientras tanto, los templos eran escenario de actos litúrgicos profundamente emotivos. En Santa Marina, la Hermandad de los Apóstoles y la Ilustre Archicofradía de la Vera Cruz y Nuestro Padre Jesús del Prendimiento celebraban el tradicional lavatorio de los pies, un gesto de humildad que representa el amor y el servicio de Cristo hacia sus discípulos.
Pero la emoción alcanzó su punto más alto antes del inicio de la procesión de la Vera Cruz y el Prendimiento. A las puertas de Santa Marina, tuvo lugar la esperada representación del Prendimiento de Jesús: un acto simbólico, lleno de dramatismo y emoción, donde tras el abrazo de los Apóstoles como despedida, Judas entrega a Jesús a los judíos a cambio de 30 monedas de plata. Un momento que estremece a todo el que lo presencia, recordando el inicio del sacrificio que cambiaría la historia del cristianismo.
Y cuando parecía que la emoción no podía crecer más, a caballo entre los últimos minutos y la madrugada del Viernes Santo tendrá lugar el acto más sobrecogedor del inicio del Viernes Santo: la procesión del Silencio. A partir de la 01:00 h, desde la iglesia de Santa María la Mayor, partía la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón (Silencio), recorriendo las calles de la Almedina en un ambiente místico, guiada por el consiliario de la cofradía, el M. I. Sr. D. Juan Laguna Navarro.