miércoles, julio 29, 2026
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“Resucitó 1” conquista el XXXIII Certamen Arco Oscuro y se convierte en el cartel anunciador de la Semana Santa 2026

Los salones parroquiales de la Iglesia de Guadalupe se convirtieron en el epicentro de la emoción cofrade con la presentación del cartel oficial de la Semana Santa 2026 y la entrega de premios del XXXIII Certamen Fotográfico Arco Oscuro. Una cita que no solo reconoce el talento artístico, sino que reafirma el papel decisivo de la fotografía en la conservación y proyección del patrimonio cofrade.

Juan Carlos Roldán: “El certamen es ya parte activa de nuestra Semana Santa”

El presidente de la Agrupación de Cofradías, Juan Carlos Roldán, realizó una valoración extensa y detallada del nivel alcanzado en esta trigésimo tercera edición. Destacó que las 86 obras presentadas evidencian “un crecimiento sostenido tanto en calidad técnica como en sensibilidad artística”.

Según explicó, el jurado ha constatado un dominio cada vez mayor de la composición, el tratamiento de la luz y la capacidad narrativa de la imagen. “No hablamos solo de buenas fotografías; hablamos de trabajos que demuestran conocimiento profundo de nuestra Semana Santa, de sus tiempos, de sus silencios y de sus momentos más significativos”, subrayó.

Roldán insistió en que el Certamen Arco Oscuro ha dejado de ser únicamente un concurso para convertirse en un elemento estructural dentro del calendario cofrade. “Este certamen influye directamente en cómo se proyecta nuestra Semana Santa hacia el exterior. Las imágenes que aquí se generan no se quedan en una sala; viajan, se comparten, construyen relato y refuerzan nuestra identidad”.

En relación con la obra elegida como cartel anunciador, destacó que el jurado valoró especialmente su potencia visual y su claridad como imagen institucional. “Un cartel debe cumplir una doble función: artística y comunicativa. ‘Resucitó 1’ reúne ambas condiciones. Es una imagen que identifica, que representa y que anuncia con fuerza la esencia de la Real Archicofradía protagonista de esta edición”.

Un cartel con identidad propia para un año histórico

La obra elegida como cartel anunciador, “Resucitó 1”, de Carlos V. Bernal Herenas, representa a la Real Archicofradía Nuestra Señora del Rosario y Santísimo Cristo Resucitado en un instante del desfile procesional del pasado año, a la altura de la muralla, apenas minutos antes de que comenzara a llover.

La imagen muestra a los hermanos portando al Cristo Resucitado en uno de los enclaves más simbólicos del recorrido. “Para mí lo especial es el entorno; es uno de los lugares más mágicos para ver nuestra singular Semana Santa”, explica el autor. La fotografía, captada en un instante inesperado debido a la inminente lluvia, consigue transmitir —en palabras del propio Bernal— “la luz que da la Resurrección en la mañana del Domingo de Resurrección”, pese a que el sol brilló por su ausencia aquella jornada.

No fue una escena preparada. La lluvia irrumpió justo tras el disparo que dio forma al cartel. Después llegarían otras instantáneas —con el Cristo acompañado por la turba de judíos de la cola negra bajo paraguas y la protección colocada a la imagen— que ya forman parte de la memoria visual de la Semana Santa baenense. Pero aquella primera captura tenía algo distinto: potencia visual, claridad como imagen anunciadora y una identidad reconocible que la convierte en símbolo de una edición muy especial, la primera tras la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

La emoción del Viernes Santo, premiada

En la modalidad general, el primer premio fue para “Santo Entierro”, de Antonio Jesús Moreno Jurado. La imagen recoge el Viernes Santo noche, cuando los hermanos, con bengalas encendidas, rodean y envuelven a Nuestra Señora de la Soledad en una atmósfera de silencio y recogimiento.

Para su autor, que lleva menos de un año en la fotografía, el reconocimiento supone “un honor inmenso”. La escena, técnicamente compleja por la iluminación cambiante de las bengalas, buscaba capturar algo más que una correcta exposición: pretendía transmitir la solemnidad y la emoción contenida de ese momento íntimo. “No solo aparece la imagen titular, sino también los hermanos que la sostienen. Quería dar protagonismo a esa hermandad que envuelve y sustenta todo”, explica.

La fotografía, en este caso, no se limita a documentar: interpreta. Convierte la luz tenue en emoción visible y el silencio en relato.

Luz y simbolismo en torno al Perdón

El jurado también reconoció la obra “Ego Sun Lux Mundi”, de José María Luque Ortiz, en la modalidad dedicada a la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y del Silencio. En ella, la simbología y el tratamiento de la luz fueron determinantes para reforzar el mensaje espiritual de la escena, en una propuesta que conjuga fuerza expresiva y profundidad devocional.

El autor, que recordaba que esta es la tercera vez que participa en el certamen —y la primera en esta categoría específica— explicó que la imagen recoge el rezo de una de las estaciones del Vía Crucis, cuando los hermanos que portan al Santísimo Cristo del Perdón lo sitúan en posición vertical mientras los hermanos de luz lo alumbran con sus faroles.

“Lo que la hace especial para mí es la luz y la calidez que transmite”, señaló. El título elegido no es casual: Ego Sum Lux Mundi (“Yo soy la luz del mundo”). En la oscuridad característica de la procesión del Silencio, el único elemento plenamente iluminado es el Cristo. “Quería transmitir a Cristo como la luz que, incluso en los momentos más oscuros, está presente como faro y guía”, explicó.

La captura fue completamente inesperada. Debido a su pertenencia a otra hermandad, no conocía con precisión el recorrido de la procesión del Silencio y se situó en un punto estratégico sin saber qué podría encontrar. “Tuve la suerte de encontrarme con ese instante”, relató.

Para Luque, la Semana Santa es su mayor fuente de inspiración artística. “Hay tantos instantes, miradas y vivencias que nunca sabes con qué te puedes encontrar al salir con la cámara. Y eso es lo que lo hace tan especial”.

Más allá de los premios, la reflexión compartida durante el acto dejó una idea clara: la fotografía es hoy uno de los pilares de la proyección exterior y la conservación del patrimonio cofrade. Permite fijar instantes irrepetibles —gestos, recorridos, miradas, detalles— y proyectarlos más allá de las fronteras locales.

En un contexto en el que la Semana Santa ha alcanzado reconocimiento internacional por su singularidad —con el judío como seña identitaria única—, la imagen se convierte en embajadora cultural. No solo refleja lo que ocurre en la calle; lo preserva, lo difunde y lo dignifica como manifestación artística y espiritual.