José Tomás Reyes recupera la Baena del siglo XIX en «Prisionera de su cuerpo», una novela entre la historia y el miedo a ser enterrada viva
La historia de una mujer que teme ser enterrada viva sirve a José Tomás Reyes para trasladar al lector a la Baena del siglo XIX. Su novela, Prisionera de su cuerpo, fue presentada en la Casa de la Tercia en un encuentro en el que el autor, acompañado por Javier Alcalá, explicó cómo surgió la obra y el trabajo de investigación que hay detrás de sus páginas.
La protagonista, doña Ana, padece catalepsia, una enfermedad conocida entonces como muerte aparente que podía dejar a quien la sufría inmóvil, aunque conservara la capacidad de escuchar y sentir. El temor a que su enfermedad fuera conocida, incluso por su propio marido, marca una historia en la que los prejuicios sociales tienen un papel importante.
Pero, como explicó Javier Alcalá durante la presentación, la novela va bastante más allá de esa enfermedad. «El libro te transporta a aquella época», afirmó, al referirse a una narración que permite recorrer las calles de Baena, conocer sus costumbres y acercarse a las diferencias entre terratenientes, trabajadores agrícolas y una burguesía de profesionales liberales que comenzaba a reclamar mayores libertades.
La obra también aborda el nacimiento del movimiento obrero, el bandolerismo, la desamortización, los procedimientos judiciales y los acontecimientos políticos que marcaron el siglo XIX, entre ellos la Revolución de 1868.
Reyes explicó que la documentación ha sido una de las partes más exigentes de la escritura. Para reconstruir aquella Baena recurrió a obras de Francisco Valverde Perales, María del Carmen Gordillo y otros estudios históricos locales. Especial dificultad le planteó el capítulo dedicado a la desamortización. «O lo hacía bien o todo parecería mentira», reconoció.
Su experiencia profesional en recursos humanos y relaciones laborales también le ayudó a construir los personajes vinculados al sindicalismo, a los que quiso trasladar la dignidad y el sentido del compromiso que había conocido personalmente.
Otro aspecto que despertó interés fue la incorporación de personajes reales, referencias familiares y palabras propias de Baena, algunas prácticamente desaparecidas del habla cotidiana, como «cagarrache», término relacionado con los antiguos trabajos de las almazaras.
El autor contó, además, que la novela iba a titularse inicialmente La vida en suspenso, pero cambió el nombre al comprobar que ya existía otra obra con ese título. Una modificación de la que ahora se alegra porque considera que Prisionera de su cuerpo expresa mejor la situación de su protagonista.
El encuentro terminó con preguntas del público sobre los personajes, las fuentes históricas y la elección del siglo XIX. Reyes explicó que situó la historia en esa época para respetar la memoria del relato que había recibido, y confesó que uno de los aspectos que más satisfacción le produjo fue encontrar el desenlace de la novela, que prefirió no desvelar a los futuros lectores.
