Cofrades embajadores y anfitriones

    Cuarto viernes de Cuaresma, de Miserere al Nazareno. Un buen puñado de baeneneses ya tendríamos preparados nuestros arreos para convertirnos, una vez más, en cofrades embajadores de nuestro pueblo camino de Alcorisa, ya habríamos llegado.  La candidatura, presentada por el Consorcio Nacional de los Pueblos del Tambor y el Bombo de España, ”Tamboradas. Rituales de toques de tambor” fue declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, e implica a 17 municipios hermanos, de cinco Comunidades Autónomas y Baena es el único de Andalucía que ostenta este amplio galardón, todos amantes del toque del tambor y el bombo.

En 1.986 la plaza de toros de Hellín fue testigo de cómo tres coliblancos y tres colinegros llevaban a Baena por bandera y el tambor como enseña. Viví intensamente los momentos previos y posteriores en casa de mi abuela, esos los guardo en mi corazón. ¡Cuántas veces he escuchado y disfrutado imaginando esa gesta! Cuando he visto las imágenes después de tantos años, me he sentido profundamente orgullosa de mi pueblo y de mis judíos.

He vivido cada una de las Jornadas organizadas en Baena. El espíritu que marca las Jornadas se plasmó en nuestras calles y cuarteles, por vez primera en 1.992. Un cartel presidia el cuartel, abierto de par en par, de la Cuarta de Coliblancos “Tamborileros de España, bienvenidos a la Cuarta”, así rezaba. Baena se hizo una explosión de color, de latidos diferentes pero con un mismo sentir, la pasión por el bombo y el tambor y nos convertimos en cofrades anfitriones, ofreciendo lo mejor de nosotros mismos.

Cada Jornada es diferente e idéntica en su esencia.

Baena ha sido anfitriona de las Jornadas de Exaltación en cuatro ocasiones, siendo las últimas en 2.016. Algo sé de esos días…desde un punto de vista que pocos pueden conocer dado el cargo y la responsabilidad asumida en aquellas fechas. Eso del “ordeno y mando” no va conmigo, soy de las de “yo en primera línea y todos a una”. Escribir estos renglones me ha llevado a sentir, por un momento, que estaba en plena “briega” de aquí para allá, que volvía a pensarlas, a soñarlas. Ciertamente, me he emocionado y me he sentido plena.

El balance presentado al Consorcio al año siguiente fue muy aplaudido y solicitado por numerosos pueblos en vista del éxito que habían tenido nuestras Jornadas no solo por la gran afluencia de público, sino además por la participación y la organización de las mismas. El objetivo era claro, no solo había que ofrecer lo mejor de nosotros a quienes nos visitaban, sino además, que los y las baenenses hicieran suyas esas Jornadas, con todo lo que llevan aparejado, que las disfrutaran.

Hoy que tengo voz y que estoy apartada de la política, puedo decirles que cientos, cientos, de baenenes, nos aplaudieron por las calles durante el recorrido del desfile, que llegó un momento en el que estaba tan desbordada de felicidad que tenía agujetas en la cara de tantísimas sonrisas a las que correspondía. No sé si marcaron un hito histórico, pero sí sé que fueron excepcionales, por diversas circunstancias, entre otras por los lugares elegidos, nunca antes, para la celebración de cada uno de los actos centrales y el recorrido del desfile que realizamos.

 Estar a pie de calle me permitió no solo tantear el terreno, sino que además me ofreció la satisfacción de ver como nuestra gente disfrutó. Tampoco sé si marcaron el imaginario de la conciencia colectiva, pero sí vivimos momentos extraordinarios, donde la sencillez, a pesar de la complejidad, se hace tan grande que no hay quien borre ni supere esos momentos únicos.

Mi más profundo reconocimiento, admiración y gratitud a cuantos dieron lo mejor de sí, para que fueran un éxito rotundo en todos los sentidos… ¡Y corta me quedo!

 Permítanme que vuelva a disfrutar de esas jornadas de 2016, después seguiremos viajando…

Sueño con seguir los pasos hacia la resurrección cantada.

La Plaza de Palacio, llena de colorido, gente embelesada,

el castillo vestido con sus mejores galas

flanqueado por dos judíos en su elegancia,

 nuestros tambores y bombos latiendo en radiante mañana.

Con nuestras calles de rojo y burdeos engalanadas,

pueblos lejanos que con Baena se hermanan

haciendo que los de fuera se sientan como en su casa.

Sueño con el Liceo mezclando flamenco y Semana Santa.

El desfile disfrutado en las aceras, calles de principio a fin abarrotadas

 siendo Baena la que sonríe junto a quienes nos acompañan,

con nuestros pueblos hermanos que claman y aclaman

 que tambores y bombos laten en nuestros corazones y almas

 siendo sus calles testigos de hazaña tan bien mostrada.

¡Ese latido nos une porque el corazón lo marca!

En la plaza de la Constitución se haga realidad mi ilusión, tantas veces soñada,

 ¡La Casa del Monte sea bastión de colinegros y coliblancos, que bella estampa,

como jamás se viera antes en sus balcones, “echando las cajas”

 volando plumeros al viento y esos cruces de miradas!

 ¡Y sepa el mundo entero lo que es tocar, latir, amar lo que llevamos tan adentro!

¡Sean bombos y tambores los mejores pregoneros

 de nuestra pasión, nuestra esencia, de nuestro sentir más auténtico!

¡Quiero volver a soñar que por tus calles paseo,

con mi pañuelo rojo y blanco de lunares al cuello

 entregándome a ti, Baena, mi único amor verdadero!

 

Con ocasión de la Declaración de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en enero de 2019 Baena quiso dar a conocer en la Feria Internacional del Turismo, tan amplio galardón. El escenario principal del pabellón de Andalucía fue el concedido ante una puesta en escena de tal repercusión turística. Una vez más lo complejo se hace fácil contando con garantes de nuestra Semana Santa y con nuestros tambores, volviéndose a disfrutar un pregón… Todos ellos se saben hoy aquí nombrados y su sencillez y saber estar hablan por sí mismos.

Las Jornadas celebradas en Agramón en 2019 fueron las últimas, mis primeras jornadas vividas fuera de casa. No dudé un instante en llevar dos maletas, una de protocolo, y otra con mis arreos. La primera mujer Teniente de Alcalde que es judío, eso lo llevaré a gala.

Lo anecdótico es que me hicieron palmas durante el recorrido y decían “una mujer de Baena”, una más entre tantísimos cofrades por las calles de Agramón.

Esas jornadas para mí, serán inolvidables. Estuve con los mejores y ellos también se saben nombrados. Habiendo vivido esas jornadas desde dos planos diferentes, tengo la capacidad de decir sin temor a equivocarme que somos respetados y admirados; que quienes van con sus tambores desde hace tantísimos años, son cofrades, así se sienten, así me sentí y su saber estar es digno de ver y encomiable.

                Si se es baenense en Baena, más se siente, si cabe, fuera de ella, nos crecemos, brillamos, latimos, hacemos piña, nos cuidamos, existe una absoluta complicidad, incluso en nuestra forma de hablar, nos hermanamos con los miles de tambores y bombos con los que compartimos calles, toques, copas, mesas y abrazos. Se forjan grupos que permanecen unidos año tras año. La grandeza de las jornadas reside en vivirlas y amarrarlas.

                Baena tiene varias señas de identidad, pilares fundamentales que la hacen única y fuerte, sin duda una de ellas es el tambor. Somos únicos, somos nuestro yo más auténtico, centenarios, legatarios de un patrimonio incalculable, nuestra Semana Santa, transmitido de generación en generación, conocedores, cuando vamos fuera de lo que representamos.

En Agramón recordé la plaza de toros de Hellín. Os guardo en lo más profundo de mi corazón. Nos veremos en Alcorisa.

 

 ¡Ese latido nos une, somos esencia, que clama y aclama,

 tambores y bombos laten en corazones y almas

 siendo nuestras calles testigos de hazaña tan bien cantada!

 

 

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