lunes, septiembre 28, 2026
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Emilio Rosales regresa al Salmorejo Flamenco 18 años después y abre la noche ante sus paisanos

Dieciocho años habían pasado desde la última vez que Emilio Rosales figuró en un cartel del Salmorejo Flamenco. El cantaor baenense regresó el pasado sábado para abrir la XLIX edición y hacerlo ante una Caseta Municipal con más de un millar de espectadores.

Rosales ha participado cinco veces en el festival. Durante la conversación posterior a su actuación repasó sus carteles hasta situar su anterior presencia el 25 de julio de 2008. También recordó actuaciones en 2000 y 1987, además de otras participaciones anteriores que conserva documentadas entre el abundante material de su trayectoria flamenca.

Volver a cantar ante su gente tenía un componente especial. “Los cantaores siempre que salimos al escenario llevamos el pellizco”, explicó. Una inquietud que no desaparece con los años y que esa noche tenía que ver con la voz, los tonos, el sonido y el acompañamiento. Cuando terminó, la valoración fue distinta: “Yo la verdad que salí contento”.

No estuvo solo. A la guitarra le acompañó Luis Calderito, músico con el que Rosales mantiene una relación artística prolongada y con quien, según explicó, ha grabado tres discos. El cantaor valoró también el acompañamiento de los palmeros porque, a su juicio, conocer a quienes están a tu lado sobre el escenario permite cantar con una seguridad diferente.

Desde fuera del escenario, Rafael Serrano vio algo más. Para el presentador, Rosales asumió con seriedad la responsabilidad de abrir un cartel en el que después aparecían nombres como José Mercé o Rancapino Chico.

“Muy bien. Ha cantado muy bien. Se ha forzado cantando”, valoró Serrano, que destacó la experiencia del baenense, su conocimiento de distintos palos y la potencia de voz que todavía conserva. Hubo momentos, explicó, en los que pensó que Rosales estaba llevando el cante hasta su límite, pero consiguió resolverlos. Aquella actuación, de alrededor de una hora, terminó dejando para Serrano una imagen muy concreta: “puso los cimientos para todos los que venían detrás”.

Rosales también miró el festival desde la silla cuando terminó su actuación. Su impresión fue positiva. Destacó el sonido y el comportamiento general de un público que, pese a las conversaciones inevitables en un recinto de estas características, supo escuchar a los artistas. “En términos generales con los cantaores estuvo bastante bien”, resumió.

Su regreso le permitió también comparar el Salmorejo actual con el que conoció décadas atrás. Rosales considera que el flamenco ha cambiado. Recuerda una generación de cantaores con estilos muy reconocibles y señala que los artistas jóvenes disponen ahora de más formación y herramientas, frente al aprendizaje fundamentalmente autodidacta de otras épocas. Es una valoración personal de quien ha contemplado el festival desde distintos momentos de su propia carrera.

Y mientras continúa cantando, Rosales mantiene otra parte de su trabajo ligada a conservar la memoria flamenca de Baena. Su libro sobre esta historia ronda las 700 páginas e incorpora, según el propio autor, cerca de 800 fotografías y documentación de los festivales celebrados en la localidad. Puede adquirirse en Gráficas Cañete.