miércoles, julio 29, 2026
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Baena vive su gran día de Semana Santa: del reencuentro con Jesús Nazareno a la solemnidad de la noche

La ciudad volvió a latir con fuerza este Viernes Santo. El sonido inconfundible del tambor, el recogimiento de los pasos y la emoción a flor de piel convirtieron la jornada en un verdadero reencuentro con la tradición. El buen tiempo, aliado imprescindible de la Semana Santa, permitió recuperar con plenitud una de las procesiones más esperadas del año, donde el Señor de Baena volvía a recorrer las calles de su pueblo. Y los baenenses, junto a cientos de visitantes, no fallaron.

Desde el primer rayo de luz de la mañana a las puertas de la iglesia de San Francisco, una multitud aguardaba el momento más esperado: la salida de Jesús Nazareno, la imagen más venerada de Baena. Pasadas las primeras luces del amanecer, la puerta del templo se abrió con solemnidad y, con ella, el corazón de todos los presentes. Una saeta rompió el silencio mientras los sones de la centuria romana marcaban el paso. La escena, profundamente conmovedora, fue captada por decenas de móviles en alto, tanto de forasteros como de vecinos que no quisieron perder ni un instante.

La procesión fluyó con serenidad. Muchos cofrades se unían al recorrido desde la Cruz de Jaspe, mientras muchos judíos hacían lo propio en la Aurora. Y como cada año, la muralla se convirtió en el punto neurálgico de la devoción popular. Un lugar para el lucimiento de las hermandades reforzadas al compás de bandas de música que hicieron vibrar al público. Aplausos, lágrimas y emoción compartida marcaron el pulso de un público entregado.

Uno de los momentos más impactantes llegó con el Prendimiento en el Paseo. Una turba de túnica negra irrumpió con fuerza y dramatismo, trasladando la imagen de Jesús en una escenificación que rememoraba su arresto en el Huerto de los Olivos.

Tras el Auto Sacramental, la procesión encaminaba su marcha de nuevo hasta San Francisco donde la Virgen de los Dolores entraba en el templo al filo de las cinco de la tarde

Mientras en Guadalupe tenía lugar otra de las citas imprescindibles: los Oficios, a su conclusión la hermandad del Santo Sepulcro procedía al descendimiento de la cruz de su titular. Una ceremonia, cada vez más seguida, reunió a numerosos devotos que contemplaron el momento en que Jesús es bajado de la cruz y trasladado al sepulcro.

A las 20:30 horas, la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Santo Cristo del Calvario y Soledad de María Santísima iniciaba su estación de penitencia, marcada por la solemnidad y el respeto. A diferencia del año pasado, en el que la lluvia obligó a suspender la salida, este Viernes Santo sí pudo vivirse con plenitud, incluyendo una de las grandes novedades: la incorporación de las Tres Marías, que por primera vez acompañaron a los enlutados.

Los últimos momentos de la procesión desde la Plaza de España, los romanos de Las Angustias desfilaban en sentido contrario, rindiendo homenaje a la Virgen que descendía por la “Calzá”. Ya en los últimos compases de la procesión, el frío se hizo notar, pero ni eso apagó la emoción. Como manda la tradición, el final llegó con el lanzamiento de bengalas en honor a la Virgen de las Angustias, mientras los romanos blancos ponían la banda sonora a de un largo día.